Es difícil, por no decir imposible, que conozcas a alguien que no sepa qué es el Tetris. O a alguien que no haya jugado nunca. Se trata de uno de esos pequeños inventos que no sabemos muy bien cuándo ni cómo descubrimos por primera vez, pero que todos hemos probado. Una distracción, un pasatiempo tan masificado que nunca nos hemos parado a pensar, ¿a quién se le ocurrió esto?
El crucigrama surgió de la mente de un periodista británico estresado. El sudoku, antes de llamarse así, fue creado por un arquitecto norteamericano traumatizado por la Segunda Guerra Mundial. El Tetris nació en las tardes libres de un investigador ruso inquieto que se sentía atrapado por su trabajo. Un pequeño acto de rebeldía ante una Academia de las Ciencias de Moscú a la que no le interesaban los videojuegos.
El cómic Tetris, el juego del que todos hablan, publicado en nuestro país por Héroes de Papel, editorial especializada en videojuegos, repasa su historia. Es la crónica de un joven con ganas de hacer algo diferente y la del laberinto burocrático en el que se convirtió su creación. Para muchos, el juego más popular de la historia.
Tetris: del malentendido al éxito
En 1985 Alexey Pajitnov trabaja para el Gobierno de la URSS en el Centro de Computación de la Academia de las Ciencias de Moscú. Estudia la inteligencia artificial e intenta crear un programa de reconocimiento de voz para la misma gente que ha puesto el Sputnik en órbita. Pero por las tardes, teclea su Electronika 60 intentando recrear los puzles que le hacían feliz cuando era un niño. Siempre le había gustado el pentominó, un juego de estrategia y rapidez mental que consiste en encajar piezas de madera en una caja. Así que imagina qué pasaría si la caja fuera vertical y las piezas cayeran del cielo.

